Licantropía, literatura, cine, juegos de rol… y otros delirios

Los crímenes de la casa Arlington

El texto que sigue a continuación es el breve prólogo de la crónica (sin terminar) de una partida de rol en vivo de índole detectivesca a La llamada de Cthulhu.

Salta a la vista que el estilo literario no se parece (más que vagamente) al de Lovecraft, si bien he intentando mantener la narración en estilo de la época (o al menos lo he intentado).

Por su parte, el montaje gráfico lo hice para una práctica (consistente en el diseño e impresión de una revista) de un curso de impresión offset al que asistía durante la época en que se organizó el REV.

Los crímenes de la casa Arlington

A falta de continuar subiendo los capítulos restantes, huelga decir que agradecería cualquier comentario o crítica constructiva.

Y sin más dilación, he aquí la narración que relata cómo ocurrieron…

Los crímenes de la casa Arlington

Prólogo

Permítame narrar una historia que, por fabulosa que pudiera resultarle, haría bien en creer, ya que todo cuando en ella relato aconteció realmente en la periferia de Arkham, Massachussets. Ocurrió algún tiempo después de los, por macabro conocidos, eventos relacionados con la casa Arlington, aquel famoso suceso en que entraron en juego una anciana solitaria y su fastuosa herencia –hecho sobre el que no me extenderé más, al ser la historia de sobra conocida por todos.

Bien quiso el azar –o acaso un inesperado atisbo de intuición– llegar a proveernos a cuantos posteriormente nos dimos cita allí de sendos ejemplares del Arkham Advertiser, periódico de tirada local en que uno de los investigadores de aquel día fatídico (un periodista de cierta reputación) narra con habilidad ciertos hechos que no hacían sino acrecentar la evidente maldición de la mansión Arlington.

Venían estos artículos, como digo, a referir la inquietante leyenda que ya comenzaba a erigirse sobre tan antiguo y vetusto edificio, así como a informar sobre el asalto a la Universidad de Miskatonic, que acabó en la muerte de tres perros guardianes y, lo que resulta más inquietante aún, la defunción del vigilante nocturno del cementerio, un hombre de color llamado Melodis Jefferson… e incluso la extraña desaparición del padre Jameson, párroco local y único heredero de la fastuosa mansión. Con respecto a las muertes, nada había que hombre alguno pudiese hacer; no obstante, dar con el paradero del capellán –sin importar el estado que pudiese hallare éste– supondría una recompensa de mil dólares.

Fue así, apenas leímos con denotado interés la macabra noticia que ofrecía la prensa, como partimos hacia una noche de tinieblas y muerte, en un viaje fatídico que nos conduciría a las entrañas de la locura y el horror.

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