Licantropía, literatura, cine, juegos de rol… y otros delirios

Bibliografía de hombres-lobo

Para descansar un rato la vista de tantas horas frente a la pantalla, me he hecho con algunos libros sobre el género de los cambiaformas, tanto clásicos de terror gótico como hasta narraciones más contemporáneas. Al igual que con la filmografía que comencé meses atrás, ampliaré la lista a medida que lea más títulos.

Última actualización: 12/01/2012

El gâloup (Claude Seignolle)

Interesante relato de contrastes en que cazador y presa intercambian roles, alternando la tercera persona (los campesinos cazadores) con la primera (encarnada en el propio hombre-lobo). De agradable lectura, su autor hace gala de una narrativa poética a veces y un tanto informal en otras ocasiones, con ese estilo espontáneo característico de algunos autores franceses, aunque tal vez se echa en falta una mayor duración del texto, al centrarse en exceso en el deseo de venganza de los humanos y la sed de sangre del licántropo.

Hay una cierta toma de contacto con el folclore tradicional, aludiendo a pactos demoniacos y presentando a la bestia como una criatura maligna. Como aspectos distintivos, aparece la plata como elemento letal para la criatura, y la transfiguración, aunque producida por la luna, puede verse interrumpida cuando la luz de ésta queda oculta. Resulta evidente también una nada sutil crítica al trato recibido por los animales bajo la mano del hombre.


El campamento del perro
(Algernon Blackwood)

Englobado dentro de la serie de aventuras de John Silence, detective de casos aparentemente paranormales que, sin embargo, pueden explicarse mediante la lógica y la razón.

La historia se centra en un pequeño grupo acampado durante unos días en un pasaje natural lejos de las comodidades de la ciudad, cuyos miembros reflejan sus sensaciones y relación con el entorno mientras se acomodan a la vida lejos de la civilización. Cuando la situación comienza a complicarse por la amenaza de la criatura, hará aparición el particular investigador, cuya explicación sobre la figura del licántropo, aún sin alejarse por completo de lo sobrenatural, evita el folclore para adentrarse en el ámbito de la parapsicología.

El desarrollo es parsimonioso, llegando a un punto en que resulta casi aburrido y acaba en un desenlace algo apresurado y bastante previsible. No obstante, la narración en sí misma es un exquisito y logrado homenaje a la majestuosidad de la naturaleza que, dicho sea de paso, también sirve como apoyo para dar rienda suelta al lado salvaje que todo humano guarda enjaulado.


El lobo blanco de las Montañas Hartz
 (Fredrick Marrayat)

Típica narración con elementos clásicos muy en la línea gótica -una familia de nativos de Transilvania obligados a huir de su tierra natal por un crimen y refugiados en un solitario bosque de espíritus embrujados, una maldición que recae sobre los hijos…

Cabe dedicar un breve comentario sobre el licántropo (un raro ejemplar de loba blanca en este caso) dadas sus peculiaridades, aún no está influenciado por los tópicos fijados en el séptimo arte. La bestia no es un humano maldecido o maldito, sino un ser preternatural surgido de la naturaleza más recóndita, que no llega a asumir en ningún momento la forma intermedia popularizada especialmente en el cine, aunque sí su apetito voraz por la carne humana. Otro rasgo característico es que parece emanar un aura malévola que sólo los niños son capaces de advertir.

Pese a que “sabe a poco” debido a su corta duración, es un relato ameno y bien narrado, en el que se muestra una bestia más diabólica y cercana al folclore tradicional que a la mitología moderna del cambiaformas.


El síndrome de Ambras
(Pilar Pedraza)

Particular vuelta de tuerca a un género que, las más de las veces, no pasa de ser un cúmulo de tradicionalismos e inmutables vacas sagradas. Ambientada a principios del siglo XIX, esta vez la licantropía (si es que es tal) se explica mediante la hipertricosis, extraña enfermedad también conocida por el nombre que da título al libro.

Comienza relatando la llegada a España en misión diplomática de lord Ashton, noble inglés de buena presencia que a no tardar se tornará desabrida; aunque a menudo veamos el devenir de la trama mediante los ojos de su esposa Florence Losada, de origen español (y que por momentos tiene más de protagonista que el propio aristócrata) o incluso de otros personajes más secundarios.

Durante el viaje se producirá un encuentro en un circo de lo grotesco circo con la Serranilla, un fenómeno que sin duda es uno de los personajes más fascinantes que se hayan visto en el género en los últimos años. A partir de entonces se entremezclan el deber de la misión por cumplir con el folclore local y una locura lujuriosa, quizá una alegoría sobre los instintos salvajes más elementales. Esta metáfora también se hace patente, de forma mucho más sutil, en su esposa.

Con un comienzo impecable, la autora pone en situación al lector respecto a la decadente y opresiva época, aunque el desarrollo posterior resulta más vacilante, especialmente en el último cuarto de la novela. Dejando a un lado que en ocasiones le pesa recurrir hasta el abuso de las figuras mitológicas, su estilo narrativo es detallista, armonioso en su contraste entre la rigidez de la aristocracia anglosajona y el ruralismo español por el que se desenvuelven, el sentido del deber frente a los sentimientos mal reprimidos.


En el bosque de Villèfere
 y Cabeza de lobo (Robert Ervin Howard)

Era inevitable que dentro de la amplia bibliografía del prolífico autor texano se encontrase alguna historia de licantropía. Publicada, de hecho, cuando apenas contaba con veinte años, fue uno de los relatos que comenzó a afianzar su fama. Estas historias, muy especialmente la segunda, se mueven a medio camino entre el terror gótico (pero sin adornar el texto con un exceso de tópicos consabidos) y algún breve matiz de capa y espada.

Aunque se nota cierta inmadurez debido a la joven edad del autor, tanto en el excesivo tono melodramático de la narración como en el no demasiado inspirado guión, es evidente que ya apunta formas y ofrece una entretenida historia en la que la intriga pronto deja paso a la acción sin pausa. Siguiendo lo que sería su estilo habitual, lo sobrenatural se muestra abiertamente, sin tapujos de ningún tipo, y ya pueden advertirse rasgos característicos sobre los que volvería posteriormente: el puritanismo y el temor a condenar el propio alma (muy en la línea de Solomon Kane), fortalezas recónditas en pleno África del siglo XV-XVI, indígenas negros que susurran historias de criaturas preternaturales y (anti)héroes que se rebelan contra su destino.

En Cabeza de Lobo se continúa con la historia que comenzó en En el bosque de Villèfere: la bestia (de forma antropomórfica) acecha y asesina a los invitados a un castillo a quienes a ha invitado don Vincente, un acaudalado portugués. Para complicar aún más la situación, los esclavos negros se muestran inquietos y a punto de rebelarse contra su amo.
Aquí la luna llena se presenta como desencadenante, si bien Howard introduce algunos elementos más o menos exclusivos en la narración, a destacar que su naturaleza se remonta al origen mismo del mundo, procediendo de demonios que poseen cuerpo de seres vivos (algún lector se acordará de la mitología de Buffy cazavampiros) y que es el asesinato de la criatura (y no su mordedura) lo que provoca la maldición.

Ambas historias han sido adaptadas en un irregular cómic por la editorial Cross Plains Comics, con guión de Roy Thomas y dibujo de Tony de Zuniga, manteniéndose por el momento inéditas en español, salvo por una traducción hecha por aficionados. En éste se amplían los relatos originales, entrelazados en una tercera (y muy insulsa) historia donde continúa el periplo de de Montour en la época actual.


Hugues, el hombre-lobo
 (Sutherland Menzies, posible seudónimo de Elizabeth Stone)

Burlándose de las supercherías de los aldeanos, el paria de un pueblo anglosajón se hace pasar por una de tales bestias, aprovechando la fama crecida a su alrededor respecto a que es realmente un hombre-lobo capaz de transmutarse. Y como era de esperar, no tardará en convertirse en un cazador cazado…

Aparentemente adaptado de un mito tradicional y escrito precisamente a modo de leyenda, se trata de un intento de racionalizar el mito licantrópico. Carece, por tanto, del elemento sobrenatural pero no así de una cierta morbosidad en algunas escenas escabrosas.
En el aspecto narrativo hay algún pasaje que abusa en exceso de los clichés góticos -niebla espesa en un bosque siniestro, etc.-, pero en su conjunto es un relato curioso que termina, de forma más que satisfactoria, con una moraleja un tanto siniestra.

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